FOTOGRAFÍA ANALÓGICA

EL TALLER DE JULIÁN

Julián, 61 años. Zapatero Artesano en Puente Genil, Córdoba.
Julián es un hombre noble, trabajador y muy correcto. Comenzó a trabajar a la edad de 12 - 13 años en la Zapatería de su padre, Domingo.

"Me faltaban ganas de estudiar".

Al principio no le gustaba la zapatería porque, según me ha contado, le cabreaba que no le cupieran las manos en el zapato para tirar de la aguja y coserlo por dentro. Además de eso, se pinchaba constantemente hasta que atinaba en cogerla.

"¡Siempre tenia los dedos agujereados!"

Un día decidió irse a una cristalería, donde se dedicaba a hacer multitud de cosas.

"Era el niño de los recados"

Después estuvo trabajando de dependiente en una tienda especializada en hacer Carne de Membrillo. Dedicó varios años de su vida a éste oficio.

"Trabajaba mucho y era muy cansado, pero me pagaban bien".

A la edad de 17 años le propusieron trabajar en una carpintería. Allí, aprendió a hacer barnices y lijar muebles. Fué entonces, cuando adquirió una aptitud perfeccionista.
A los pocos años, el oficio cerró y, Julián, se quedó en la calle. No tuvo más remedio que volver con su padre.
Empezó a practicar cosiendo a mano zapatos estropeados que resultaban inservibles. Cuando los pespuntes le salían correctamente, pasó a seguir aprendiendo más labores del oficio.

"Al final mi padre llevaba razón, las manos acabaron cupiendo en el zapato. Ya no me pinchaba los dedos"

Finalmente, su padre se jubiló a los 65 años y él se quedó con el
negocio a la edad de 26 - 27 años.

"Mi padre nunca quiso enseñarme a fabricar zapatos, pero yo lo observaba y tomaba nota. Practicaba a escondidas con materiales que le sobraban y ocultaba mis trabajos debajo de la cama. Fue así como aprendí a fabricarlos y comencé a interesarme realmente por este oficio".